Por: Ana María Aranguren & Armando Goyes

 


  • El surgimiento del movimiento del feminismo decolonial

Los feminismos descoloniales nacen, como todo el pensamiento descolonial, proponiendo una relectura de la historia de Abya Yala (continente americano) desde 1492, según “la cual la modernidad occidental nació gracias al capitalismo que se instaló a partir de ese momento, el colonialismo fue central para generar la modernidad occidental” (Villarroel, 2018, p. 106); Desde allí, se proponen otros marcos analíticos para la comprensión de las relaciones sociales, “mediante una mirada imbricada de las opresiones de raza, sexo, clases, sexualidad y geopolítica, que el capitalismo, el racismo y patriarcalismo origina en las vidas de las mujeres de la periferia en particular, y en las poblaciones de la periferia global en general” (Villarroel, 2018, p. 106).

. Los feminismos descoloniales desde el punto de vista epistémico y práctico se configuran como una crítica al interior del propio movimiento feminista, “al cual terminan denominando feminismo hegemónico, denunciando la manera universal de pensar la subordinación de las mujeres, dejando en claro que “no existe una mujer universal” y cuestionando la categoría de género” (Medina, 2013, p. 106); entre sus principales exponentes se encuentran María Lugones, Yuderkys Espinosay Ochy Curiel, Karina Ochoa, Gladys Tzul Tzul, Aura Cumes y Julieta Paredes, entre muchas otras. Aunque toma reflexiones que se han generado desde los feminismos postcoloniales, los feminismos negros, los feminismos autónomos, los feminismos críticos, los feminismos comunitarios e indígenas se han ido configurando como una forma de pensar y actuar con características propias.

Se diferencia del pensamiento postcolonial en que este último se generó en la India, sureste asiático y África (árabe y subsahariana) a partir del proceso de descolonización posterior a la II Guerra Mundial, durante las décadas de 1950 y 1960, el cual tiene en su haber los llamados estudios subalternos fundados por Rana jit Guha y los estudios postcoloniales con Edward Said, y sus interlocutoras feministas Gayatri Chakravorty Spivak y Chandra Talpade Mohanty (Hernández, 2008), entre otras, las cuales muestran desde el giro lingüístico la invisibilización del otro no occidental en un silenciamiento estructural dentro de la narrativa histórica, en la cual el sujeto válido es occidental (UNESCO, 2003). Spivak acuña la idea de violencia epistémica y Mohanty la de colonialismo discursivo.  Planteamiento similar hace Edgardo Lander con su idea de colonialidad del saber, pero en clave descolonial.

Además, develan que el patriarcado no es la única opresión que sufren las mujeres, que el género este racializado y la raza siempre es generizada, por lo tanto, muestran la subalternizacion, visualizan, igualmente, las formas de resistencia individual y colectiva ante la dominación. Pero también revelan la superioridad construida de la mujer occidental que sirve de modelo a las otras mujeres, las no occidentales; así las cosas, los feminismos descoloniales hacen una relectura de la historia de la región en particular y de la historia universal en general a partir de 1492, “para pensarla no ya desde la historiografía hegemónica, en cuya narrativa el colonizador fue presentado como el conquistador y el descubridor que trajo la civilización, sino desde el punto vista de las/los colonizadas/os, desde la historia no contada, silenciada y olvidada” (Villarroel, 2018, p. 107). Y a partir de allí mostrar que el primer genocidio de la historia humana se cometió en Abya Yala, y que esto aún tiene secuelas expresadas en la colonialidad contemporánea, a través de la llamada “herida colonial” (Villarroel, 2018).

Los feminismos latinoamericanos estuvieron en sus orígenes influidos por los feminismos de Europa y Estados Unidos, por lo que nacen con una carga teórica y práctica teocéntrica (Villarroel, 2018); algunas feministas fueron influidas por el liberalismo, la izquierda, las anarquistas, por ello emerge un feminismo autónomo a partir de los de 1980 y 1990 que discute la necesidad de ser libre de los cánones tradicionales y nuevos de opresión, “anteponiéndose a las feministas institucionales, su crítica se dirige al feminismo relacionado con los partidos políticos, las ONGS, especialistas de género, de las políticas sociales del Estado, que terminan subordinando a las mujeres a sus normativas, directrices y presupuesto” (Villarroel, 2018, p. 108).

Significó un proceso de neocolonización y neodesarrollismo venido del norte occidental que encontró complicidad en las feministas de la región. Proponen desmarcarse con la auto-organización, autofinanciación y despartidización; los feminismos descoloniales extraen de las autónomas esa necesidad de auto-organización, autogestión, critica a la institucionalización y a la cooperación internacional. Estas estrategias permitirían garantizar que las prácticas políticas del movimiento no fueran dependientes de instancias que producen la colonialidad.

Mientras, desde los feminismos indígenas se plantea el problema de las cosmovisiones de algunas comunidades que no son consideradas validas por el etnocentrismo, pero que pueden ayudar a comprender la subordinación y emancipación de las mujeres del patriarcado; Adriana Guzmán (Bolivia), desde un feminismo muy cercano al feminismo indígena, el feminismo comunitario, sostiene “nosotras proponemos el feminismo comunitario como una teoría social, como una herramienta de lucha” (Villarroel, 2018, p. 108), en rebeldía ante un feminismo occidental que ven y sienten como un mecanismo de dominación, que impone qué es el feminismo y cómo ser una feminista, mostrándolo como algo ya establecido que no se puede repensar.

Julieta Paredes (Bolivia) sostiene que no se está pidiendo inclusión en el sistema occidental, ni el neoliberal ni el socialista, lo que se quiere es subvertir todas las formas de opresión, y en este afán han reconceptualizado las ideas de feminismo y patriarcalismo. Así el feminismo viene a ser “la lucha de cualquier mujer, en cualquier parte del mundo y en cualquier tiempo de la historia que lucha, se rebela y propone ante un patriarcado que la oprime o la pretende oprimir” (Villarroel, 2018, p. 108) de tal manera que el feminismo no nace con la Revolución francesa. Mientras que entienden por patriarcalismo “el sistema de todas las opresiones, todas las discriminaciones, todas las violencias que vive la humanidad” (Villarroel, 2018, p. 108) incluyendo la naturaleza.

El pensamiento feminista descolonial latinoamericano no es homogéneo, es divergente y heterogéneo, tiene diversos lugares de enunciación, en los que se alejan, se acerca, o entrecruzan planteamientos y prácticas, pero siempre en dialogo (Villarroel, 2018). Parten de supuestos comunes, pero no pretenden enarbolar un solo discurso descolonial porque eso sería crear un nuevo universalismo, un nuevo pensamiento hegemónico que determinaría lo verdadero y lo valido (Villarroel, 2018). 

  • A quiénes involucra y quiénes lo lideran:


El movimiento feminista decolonial en América Latina involucra a una amplia variedad de personas y grupos, ya que busca abordar las múltiples formas de opresión y desigualdad. Entre las personas que participan en este movimiento se encuentran:


  1. Mujeres indígenas: Las mujeres indígenas han sido líderes clave en el feminismo decolonial. Han luchado por el reconocimiento de sus derechos, la protección de sus territorios y la preservación de sus culturas, al mismo tiempo que han desafiado las normas de género impuestas por la colonización (PeriFéricas, 2019).
  2. Mujeres afrodescendientes: Las mujeres afrodescendientes también desempeñan un papel importante en este movimiento. Han abogado por el reconocimiento de sus identidades y la lucha contra el racismo sistémico y la discriminación de género.
  3. Movimientos LGBTQ+: El feminismo decolonial es inclusivo y reconoce la importancia de las luchas LGBTQ+. Ha habido una creciente colaboración entre el feminismo decolonial y los movimientos queer en América Latina.
  4. Académicos y activistas: Además de las mujeres en las comunidades, académicos y activistas han liderado la teorización y difusión del feminismo decolonial en la región. Han desempeñado un papel fundamental en la articulación de las demandas y la promoción de la conciencia sobre la interseccionalidad de las opresiones (PeriFéricas, 2019).

El movimiento feminista decolonial en América Latina ha surgido como una respuesta a las múltiples formas de opresión histórica y contemporánea que enfrentan las mujeres en la región. Incluye a una variedad de personas y grupos que lideran iniciativas para abordar las desigualdades de género desde una perspectiva interseccional y decolonial. Este movimiento es fundamental para la construcción de una sociedad más justa y equitativa en América Latina.

Bibliografías

Feminismo descolonial – MODII. (s. f.). https://modii.org/feminismo-descolonial/

Grupo de Estudios de Relaciones Internacionales (GERI). (s. f.). Vista de feminismos descoloniales latinoamericanos: geopolítica, resistencia y relaciones internacionales | Relaciones internacionales. https://revistas.uam.es/relacionesinternacionales/article/view/9393/10316

PeriFéricas, E. (2019). LOS FEMINISMOS DECOLONIALES: UNA HISTORIA DE LUCHA POR LA DIVERSIDAD. PeriFéricas. https://perifericas.es/blogs/blog/los-feminismos-decoloniales-una-historia-de-lucha-por-la-diversidad

Vista de investigar y enseñar historia en perspectiva feminista decolonial | Márgenes Revista de Educación de la Universidad de Málaga. (s. f.). https://revistas.uma.es/index.php/mgn/article/view/6786/10126


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